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La Biblioteca de la Escuela Colombia es una compilación de documentos que han sido de difusión pública (algunos de los cuales se encuentran en otros servidores) resultado de las diferentes manifestaciones de los diversos sectores y regiones del país, como también de la Comunidad Internacional. La inclusión de los textos en la biblioteca no compromete a la Escuela Colombia con el contenido de los mismos, ni con las organizaciones autoras.

 

4 de junio del 2000

El Suplicio del Campesino Cultivador de Coca

por Garry M. Leech

A lo largo de los últimos cinco años, Estados Unidos se ha centrado en la erradicación de la hoja de coca como principal objetivo de su estrategia contra la droga en Colombia año tras año se ha venido incrementando la ayuda respecto al año anterior para llevar a la práctica la política de erradicación. El resultado ha sido que se ha duplicado la producción de coca en Colombia, ilustrando claramente la inútil dad de dicha estrategia.

Para superar este fracaso, la Administración Clinton ha solicitado del Congreso de EE.UU. la concesión de 1.6 mil millones de dólares enayuda, en su mayor parte para aprovisionar de armas, adiestramiento y helicópteros a las fuerzas militares de Colombia y asì llevar a cabo una ofensiva en la zona sur de Colombia con el fin de combatir a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y hacerse al control del territorio en el que se cultiva la coca. Una vez de que el territorio actualmente en manos de la guerrilla pase a manos del Ejército de Colombia, el medio de vida del campesino que cultiva la coca podrá ser más eficazmente erradicado.

Para empezar, la Administración Clinton no se ha ocupado en reparar en la razón por la cual, tantos campesinos se dedican al cultivo de la coca o en el modo en el que se supone habrán demantenerse y mantener a sus familias tras la ofensiva militar prevista. En Norte América y en Europa Occidental, los agricultores reciben el subsidio del gobierno como complemento a los escasosingresos que obtienen debido a los bajos precios delmercado de sus bienes. Sinestos subsidios, muchos de los agricultores norteamericanos yeuropeos estarían en laquiebra. Además, la globalización promovida porlas corporaciones y las medidas de austeridad que Fondo Monetario Internacional (FMI) a menudo impone a los países en desarrollo, no permiten el desarrollo y la aplicación de políticas similares de subsidio a la agricultura en los países en desarrollo.

Este tipo de políticas de subsidio harían que la agricultura dichos países fuera internamente competitiva en relación con las corporaciones multinacionales, y en consecuencia, iría en detrimento de las políticas de globalización tan ventajosas para Norte América yEuropa.

En diciembre de 1999, debido en parte al más nefasto comportamiento de su economía en el último medio siglo, Colombia aceptó un préstamo de 2.7 mil millones de dólares por parte del FMI. Al igual que ha ocurrido con multitud de vecinos latinoamericanos de Colombia, el gobierno se vio forzado a aceptar la aplicación de medidas de austeridad como parte del acuerdo del préstamo. Como consecuencia, el recorte del gasto del gobierno significa que el subsidio a los agricultores no resulte una opción viable en la lucha para reducir la pobreza rural.

Tales políticas tan sólo servirán para incrementar el número de campesinos que tendrán que recurrir al cultivo de la coca como medio de subsistencia para ellos y sus familias, máxime, cuando los precios del mercado para los cultivos legales se mantienen invariablemente por debajo del nivel de subsistencia. Un artículo publicado en el 1 de mayo en el semanario Noticias Aliadas ilustra este dilema señalando que los cultivadores de coca en Alto del Valle de Huallaga en la zona central de Perú reciben 2.74 dólares por kilo de hoja de coca. El actual precio en el mercado de los cultivos legales de la región es marcadamente inferior: 1.05 dólares por el kilo de café, 0.77 centavos de dólar por el de cacao y 0.11 por el de yuca, base de la fécula. Para el campesino que se dedica al cultivo de la tierra, la elección del tipo de cultivo a cosechar no tiene una base moral, sino puramente económica. La mayoría de los campesinos estarían más que dispuestos a cosechar cultivos legales si éstos les proporcionaran los medios de subsistencia para ellos y sus familias.

Otra amenaza adicional para la subsistencia de los campesinos agricultores es la que representan los miembros del Congreso de los EE.UU. que están presionando para que se incluyan métodos más eficaces para la erradicación de la coca en el paquete de medidas. Uno de los métodos propuestos es la utilización de un micoherbicida, denominado Fusarium oxysporum, cuya seguridad y consecuencias sobre la salud y el medioambiente están aún por comprobar eficazmente.

El estado de Florida recientemente canceló sus planes de probar el Fusarium oxysporum para erradicar sus propias cosechas de droga debido a la preocupación que sucitó sus efectos sobre la salud humana y los cultivos comestibles. La utilización de semejante micoherbicida no sólo representa un peligro para la salud de los campesinos que cultivan la coca en Colombia, sino que impedirá cualquier otro tipo cultivo legal en el futuro si la tierra es contaminada como resultado del método utilizado en la erradicación de coca.

El modo exacto en el que los campesinos colombianos se supone se las tienen que arreglar para sobrevivir una vez que los cultivos de coca hayan sido erradicados es un tema que rara vez se toca en el debate de la Casa Blanca y el Departamento de Estado. En realidad, tan sólo existen cuatro opciones: Adentrarse más en la selva y cultivar nuevamente coca; unirse a la guerrilla o a las fuerzas paramilitares; Huir a los paupérrimos suburbios de las ciudades económicamente deprimidas de Colombia; o recibir los subsidios suficientes para dedicarse a la agricultura legal, como ocurre en Norte América y Europa.

Las primeras tres opciones son las únicas disponibles para la mayoría de la población campesina de Colombia que se dedica al cultivo de la coca, y debido a que el 80% del paquete de ayuda de la Administración Clinton va destinado al Ejército de Colombia, es bastante improbable que en el futuro estas tres opciones dejen de ser las únicas posibles.

Los gobiernos de EE.UU. y Colombia han admitido el hecho de que la ofensiva militar prevista en la zona sur de Colombia probablemente tendrá como resultado un incremento en el desplazamiento de la población en un país que actualmente se enfrenta al problema de 1.9 millones de personas desplazadas. Sin duda, el encauzamiento de más de mil millones de dólares de ayuda militar hacia el subsidio de la agricultura y la mejora de las infraestructuras que permitan a los campesinos rurales el cultivo y la comercialización de sus cosechas legales al modo tradicional resultaría bastante más productivo que la muerte, la deforestación y el desplazamiento de la población que implicará el incremento de la actividad militar.

La mayor parte de la ciudadanía colombiana está en contra del incremento de la ayuda militar, y preferiría que dicha ayuda fuera encaminada a la resolución de los males económicos y sociales que aquejan al país. Pero, aún así, Washington una vez más hace oídos sordos a las necesidades de la gente, especialmente de los campesinos, al tiempo que continúa armando al Ejército colombiano en su inútil intento de conseguir la paz a base de más guerra.

Traducido por J. Alkorta: jain@euskalnet.net

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