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  Biblioteca Plan Colombia

La Escuela Colombia es un modelo educativo que tiene como objetivo: Estudiar críticamente el fenómeno de globalización expresado en el Plan Colombia como medida integral para Colombia y la Región.

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La Biblioteca de la Escuela Colombia es una compilación de documentos que han sido de difusión pública (algunos de los cuales se encuentran en otros servidores) resultado de las diferentes manifestaciones de los diversos sectores y regiones del país, como también de la Comunidad Internacional. La inclusión de los textos en la biblioteca no compromete a la Escuela Colombia con el contenido de los mismos, ni con las organizaciones autoras.

 

Tomado de VOZ, última edicción

Texto de la intervención del Secretario General del Partido Comunista Colombiano en la 27 Convención del Partido Comunista de los Estados Unidos

El Plan Colombia no es, fundamentalmente, una plan antinarcóticos. Su cobertura o justificación sí. Pero queda al desnudo cuando se contrasta con las condiciones del narcocapitalismo y del inmenso mercado global de las drogas. El factor regulador que favorece las superganancias es la lógica prohibicionista que sustenta las estrategias de represión interior en los países consumidores y de intervencionismo militar como formas predominantes de control antinarcóticos, en el plano exterior. Además, el narcocapitalismo es funcional al proyecto de dominación global en curso, donde las pretensiones hegemónicas de los EEUU intentan unir el control de los recursos económicos estratégicos del mundo con el ejercicio de un papel de policía mundial fundado en nuevas coberturas para la acción militar unipolar.

Ahora bien, el Plan Colombia, ya en ejecución, es un proyecto de fumigaciones masivas y de guerra contrainsurgente. En esta óptica, su blanco es sociopolítico y se reduce a aquella parte del tema narcóticos que copa menos del 2% del negocio y deja sin tocar lo que representa el 98% restante.

Los circuitos financieros de los narcocapitales, el lavado masivo de divisas y los paraísos fiscales quedan por fuera de su radio de acción. Este desenfoque no es casual. Obedece a que el Plan es, en realidad, político y militar, dirigido a destruir el movimiento guerrillero, especialmente las FARC EP, y a disciplinar el país en una perspectiva ligada con el proyecto homogeneizante y globalizador del ALCA.

Por eso, el Plan intenta resolver, ante todo, un problema de gobernabilidad en Colombia. La sustentación de su carácter antiguerrillero se apoya en la idea de que la insurgencia tiene muy poco respaldo político medido en sondeos de opinión y que, en consecuencia, su peligrosidad dimana de su poder militar a su vez dependiente de su capacidad de autofinanciarse recurriendo a un sistema impositivo sobre el gran capital, transnacional y nacional, incluidos terratenientes y empresarios del narcotráfico, y a eventuales convenios con éstos para obtener armamentos. Toda la estrategia de lucha antinarcóticos de los EEUU y del Grupo de los 8 se desprende de allí. Su objetivo no es la droga misma, sino las guerrillas que pueden derivar de ella una fuente de financiamiento para su lucha contra el sistema. Es el control sociopolítico de la periferia lo que está en juego para el poder global.

Los aspectos militares

Conviene dar una mirada sobre los aspectos militares del Plan Colombia en los que tienen un gran un papel tres nuevos batallones entrenados por los asesores norteamericanos, los sistemas de espionaje electrónico terrestre, aéreo y satelital, así como el equipo aéreo compuesto, ante todo, de helicópteros. La traducción táctica de este conjunto son las llamadas fuerzas de despliegue rápido, uno de los flancos más ineficientes del ejército colombiano. Esperan los estrategas del Plan revertir esta situación con el reentrenamiento de tropas y mandos mejor preparados, bajo supervisión del Comando Sur.

No obstante, lo más significativo está representado por la infraestructura interna y externa que soporta el despliegue aéreo del Plan Colombia. La creación de la Base de Manta, en la República del Ecuador, el establecimiento de un corredor aéreo entre Manta y las Bases norteamericanas en Aruba y Curaçao, islas cercanas al litoral venezolano, pertenecientes al Reino de Holanda, la interacción con otras bases de los EEUU en El Salvador y Honduras, por una parte; por otra, el reforzamiento de la Base de Tresesquinas y la ampliación de la pista aérea de la Base de Larandia, en el departamento del Caquetá, señalan un montaje infraestructural en la alta Amazonia colombiana con capacidad de albergar transportes y bombarderos estratégicos de los EEÜU. En ambas bases operan mandos del Comando Sur. Esta situación inquieta a todos los ejércitos y gobiernos del área, quienes han hecho explícita su preocupación e inconformidad.

En cuanto al ALCA, no parece encontrar un camino llano. Cuba fue descartada desde el principio o, dicho de otro modo, el ALCA fue disenado para excluir a Cuba. Venezuela parece ofrecer un obstáculo, no solo por su política actual, sino porque ha anticipado una de las salidas posibles, por una via propia, a la crisis. La situacion es inestable en Ecuador y Perú. Bolivia ha experimentado sacudidas sociales significativas. Y el caso de Colombia arroja incertidumbres mayores, dado el fuerte potencial de los movimientos revolucionarios que allí se fortalecieron en los últimos 40 años.

La cumbre del ALCA, de finales de abril de 2001, en Quebec, Canadá, deja algunas cosas en claro. Ante todo, el énfasis de los EEUU en la denominada "cláusula democrática", como el punto que define toda la perspectiva de pertenencia a lo que aparentemente intenta ser solo un acuerdo de libre comercio.

La "cláusula democrática"

La "cláusula democrática" tiene un carácter preventivo. Es un filtro pero, además, una camisa de fuerza. Demarca el patrón de los regímenes sociopolíticos admisibles, lo suficientemente dóciles para aceptar el plato fuerte de la globalización neoliberal para el ALCA: las normas supranacionales de la Organización Mundial del Comercio, OMC. La lógica de esta normatividad regulatoria, que desnacionaliza los Estados nación existentes y los convierte en súbditos de la voluntad de los monopolios transnacionales, es el hilo conductor que le da sentido al ALCA. EEUU convierte, por vía de un acuerdo político, a América Latina y el Caribe en el gran mercado de sus productos. Pero, sobre todo, en la gran fuente de fuerza de trabajo de bajo costo, por medio de la maquila y de la inmigración. Y en los proveedores de recursos energéticos - en momentos en que la crisis energética afecta a importantes regiones norteamericanas -, de biodiversidad para sus industrias de punta farmacéutica y transgénica, y de agua. América Latina y el Caribe no deben esperar nada de esta forma de integración que la desarticula, que carece de todo contenido social
constructivo o emancipador, que le cierra las puertas a su desarrollo libre, auténtico, creador, a sus posibilidades de innovación de la democracia y del socialismo.

Al transmitir calurosamente el saludo del partido comunista colombiano a la 27 Convención Nacional del CPUSA quiero decir que la vida nos reta con objetivos comunes: la política antinarcóticos de los EEUU esta destinada a seguir fracasando porque no ataca la razón estructural del mercado ilegal y del narcocapitalismo, sino que utiliza el pretexto como fachada de una nueva fase del intervencionismo para su hegemonía global. Un problema social, creado por los narcomercados globales no puede ser resuelto únicamente con medidas prohibicionistas y acciones militares.

La lucha armada en Colombia es un conflicto político y social de carácter histórico, no resuelto hasta ahora, que tiene, por lo tanto, unas causas y un origen muy anterior y diferente al problema de los narcóticos.

Este conflicto no tiene solución militar posible y menos si ella se encubre como lucha antinarcóticos. Pretenderlo así es engañar al pueblo de los EEUU para que tolere la ayuda militar, la presencia de tropas del Comando sur en Colombia, el suministro de helicópteros Black Hawk, aviones, armamentos y medios electrónicos sofisticados para escalar y vietnamizar América Latina, el paramilitarismo que implica el genocidio de miles de ciudadanos no combatientes.

Debemos actuar unidos contra la ayuda en términos de armamentismo, el tratamiento militar de los problemas sociopolíticos bajo pretextos humanitarios, el anexionismo neocolonial representado en el ALCA.

En especial, pedimos el apoyo para la idea de una solución política, mediante el dialogo y la negociación, para la paz democrática con justicia social en Colombia. Las condiciones básicas serán, ante todo, la no injerencia militar de los EEUU y el respaldo solidario de los pueblos y países del mundo, en primer lugar, del pueblo de los propios EEUU de Norteamérica.

Esta causa puede ser ganada porque es justa. Pero si logramos una salida política democrática en Colombia, estaremos dando los primeros pasos para modificar un curso que amenaza las relaciones y el futuro de todo el hemisferio, es decir, frustraremos los planes intervencionistas del imperialismo. V


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